Friday

Metro

Habían pasado 102 años perfeccionándolo. Michael recordaba su primer viaje. Su abuela se esforzaba por hacerlo parecer fácil, pero ella misma tenía problemas accediendo a la entrada. No son de mi época, decía. Antiguamente tú pasabas una tarjeta por un visor. Después hacías girar el torniquete y pasabas a través de él. Ahora es el torniquete el que pasa a través de ti. En el siglo XXV Paris ya contaba con el nuevo sistema de metro, contraparte local del sistema de trenes que unía todo el planeta Tierra. El antiguo sistema de metro del siglo XXI fue gradualmente reemplazado por el sistema de trenes extremadamente rápido, el TEV, Train extrêmement vite, capaz de atravesar en 10 minutos Paris, desde Saint Lazare, para llegar a la estación Victoria en Londres. Había 40 paradas entre ellas. Michael se detuvo ante el cilindro plateado que escaneaba su tarjeta de identidad, y verificaba su saldo en la tarjeta europea de transporte. Un gran ojo de vidrio le guiñó, y le invito a pasar. Con el advenimiento de la tecnología New Light, desarrollada para el Programa Espacial Europeo, fue posible acercarse mediante un sistema de campos de materia oscura a la velocidad de la luz. Michael se detuvo ante los vidrios ligeramente obscuros, y se sentó. Sólo un detalle preocupaba a los ingenieros que desarrollaban este nuevo sistema. El viaje se haría tal vez, demasiado rápido. Demasiado rápido no para el cuerpo, pero para la mente. Era un 25 de Febrero del 2402, y Michael sería el primero de una serie de ensayos para probar una mejora significativa en la velocidad de este transporte. El 25 de Febrero del 2402 hubo un incidente. Cuatro pasajeros quedaron en coma debido a que el tren alcanzó tal velocidad que el cerebro de aquellas personas no pudo recuperarse jamás. Sin embargo, algo extraño le paso a un quinto pasajero. Michael se sentó junto a cuatro pasajeros en la única cabina de prueba que existía en ese momento. En tanto el viaje comenzó sus compañeros de viejo empezaron a presentar problemas para mantenerse de pie, y cayeron inconscientes en el suelo. El sujeto, Michael Vargas, deliraba que había tenido visiones de otro mundo. Después de asiduos exámenes no se pudo concluir nada. Michael se sintió mareado. Súbitamente, una puerta se abre. Avanza un paso y se encuentra junto a una multitud. Se escucha una voz en un extraño lenguaje y a través de un extraño aparato que no hacía posible escuchar bien esa voz. Alcanza a entender algo como “Paris Nord”. Le pareció escuchar una antigua versión del idioma galo. A cien metros pudo encontrar una salida. Una escalera que no se movía. Súbitamente, cae al suelo, cierra y abre los ojos. Rodeado de personas se puso de pie, el resto de sus compañeros no se levantó nunca más. Pensó en los antiguos, largos y pesados viajes de 30 minutos que le describía su abuela. Al menos este fue un viaje corto, pensó.

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